Ilustración hecha con inteligencia artificial
Azaí, perrita rescatada de crueldad, inicia su entrenamiento para terapia en Guayaquil
La pitbull, antes conocida como Ashley y víctima de maltrato severo, será adoptada por un voluntario de la Cruz Roja del Guayas para trabajar con niños y adultos mayores.
El 6 de marzo de 2020, la brigada canina de la Cruz Roja del Guayas celebró la llegada de Azaí, una perrita de raza pitbull blanca de aproximadamente seis años, quien fue rescatada tras sufrir graves maltratos. La animal llegó al centro de la organización con un historial de abandono, encadenamiento prolongado y la pérdida de una extremidad debido a un accidente. Tras ser denunciada y viralizada en redes sociales a finales del año anterior, los rescatistas lograron sacarla de esa situación para brindarle los cuidados médicos necesarios, detectando desnutrición severa y ceguera parcial en uno de sus ojos.
Margarita Narváez, voluntaria coordinadora de la brigada con cinco años de experiencia como adiestradora, explicó que Azaí superó las pruebas de evaluación emocional gracias a su carácter dócil y equilibrado. Aunque inicialmente se pensó en incluirla en el área de obediencia básica o asistencia asistida con animales (A.A.A.), la falta de instalaciones adecuadas en la Cruz Roja, al ser una entidad de voluntariado, llevó a realizar una campaña interna de adopción. El voluntario Segundo Echanique, quien regresaba a tener mascota después de 15 años, adoptó a la perrita el día de su cumpleaños como regalo.
Bajo el nombre de Azaí, que en hebreo significa fuerza o esperanza, la animal iniciará un proceso de entrenamiento de nueve meses diseñado para trabajar con niños y adultos mayores. El objetivo es que participe en proyectos conjuntos con el Municipio para visitar hospitales y asilos, donde su presencia motivará a personas con discapacidad o síndrome de Down al ver su capacidad de superación. Las sesiones de terapia estarán limitadas a tres o cinco minutos por paciente para evitar el maltrato animal y permitir que la perrita descanse, asegurando que su labor se mantenga como un juego y no como una carga.