Guayaquil ha sido históricamente reconocida como la capital del fútbol ecuatoriano, un estatus forjado a través de décadas de pasión, infraestructura y talento local. Sin embargo, existe una percepción generalizada de que la ciudad ha perdido su lugar preponderante en este deporte. La reflexión no apunta a un evento aislado o una fecha específica de ruptura, sino a un proceso gradual: la negligencia sostenida hacia aquello que tomó años construir y consolidar.
Desde una perspectiva de gestión pública y privada, el problema radica en la falta de cuidado institucional y comunitario. El deporte no es solo entretenimiento; es un motor económico y social vital para la provincia. Cuando se descuidan los equipos, las ligas locales y la formación de base, se debilita el tejido social y comercial que sustenta al sector.
Para recuperar el liderazgo deportivo, Guayaquil necesita una visión clara que priorice la seguridad en los estadios, la transparencia en la gestión de recursos y el apoyo al emprendimiento privado en torno a la industria del fútbol. Solo mediante acciones concretas y responsables se podrá revertir esta tendencia y devolverle a la ciudad su brillo deportivo.