Ilustración hecha con inteligencia artificial
Guayaquil enfrenta sequía: el vínculo entre deforestación, clima y pandemia
Un análisis técnico revela cómo la pérdida de bosques en Ecuador agrava el cambio climático y los riesgos sanitarios en la provincia.
El 10 de enero de 2021, un especial periodístico puso sobre la mesa una problemática estructural que afecta a Guayaquil y su provincia: la correlación entre la deforestación, el cambio climático y la pandemia. El informe destaca que, pese a ser un fenómeno antiguo, la tala indiscriminada sigue reduciendo la superficie boscosa, lo que limita la capacidad natural de producción de oxígeno y la absorción de dióxido de carbono (CO2) responsable del efecto invernadero.
Los datos técnicos presentados señalan que cada árbol produce entre 320 y 360 litros de oxígeno diario, una cifra insuficiente si se considera que un ser humano requiere entre 7.000 y 8.000 litros para sobrevivir. La fuente advierte que, aunque se siembran 10 mil millones de árboles al año, la deforestación anual alcanza entre 17 y 19 mil millones, creando un desbalance ecológico que compromete la calidad del aire y la resiliencia climática de las ciudades guayasenses.
En el ámbito nacional, el Ministerio de Ambiente de Ecuador (MAE) reportó para el periodo 2014-2016 una deforestación bruta de 94.353 hectáreas anuales frente a una regeneración de solo 33.241 hectáreas. Esta cifra alarmante se enmarca en los compromisos del Acuerdo de París, cuyo artículo 5 insta a las partes a implementar pagos por reducción de emisiones y degradación forestal para mitigar estos impactos, según informamos en Contaminación del aire y suicidio.
El Comité Forestal de la FAO advirtió que el calentamiento global y la pérdida de bosques plantean un riesgo grave para la salud mundial, las economías y la seguridad. Para Guayaquil, esto implica que la gestión forestal sostenible no es solo una cuestión ambiental, sino un factor determinante en la prevención de enfermedades infecciosas y la estabilidad económica de la provincia.